El rincón de la Polaka II


Los invito a que se tomen un recreo de lo que estén haciendo para leer una nueva crónica de la Pola. Vale la pena... Esta vez el escenario es el baño de un bar. Y buen fin de semana, largo y soleado.


Sin salida

20:45. Pagué el café con leche pero como no me aguantaba hasta casa, agarré la campera, la mochila, la bolsa con los libros, y con todo el bartulerío a cuestas caminé hasta el final del salón donde un largo pasillo me conducía hacia el baño.

Era un baño chiquito, diminuto, de esos que apenas uno entra se choca con todas las puertas y sólo hay espacio para realizar movimientos estratégicos, pequeños giros circulares o laterales, con particular cuidado que nada se caiga en el piso húmedo de vaya uno a saber que tipo de sustancia.

El mismo contaba con dos subcubículos, cada uno con su inodoro correspondiente, de modo que luego de un breve análisis costo-beneficio, elegí el de la derecha (era el más alejado al lavatorio), colgué la campera y los bártulos como pude en la parte posterior de la puerta, cerré la misma empujándola hacia dentro y finalmente (sólo por precaución) en un procedimiento que me sugirió alguna resistencia, giré ese pequeño pitutito que se encuentra debajo de la manija.

La trabé.

21:00. Finalizado el acto biológico, mis dedos se dirigieron nuevamente hacia el pituto y realizando el movimiento giratorio opuesto (pertinente), forjaron el encuentro con la salida.

No gira.

El pituto se trabó, se había trabado, no abre, vuelvo a intentarlo, ahora con las dos manos sobre el elemento opresor, pruebo girarlo hacia la izquierda, hacia la derecha, nada, ninguna respuesta, ya el sudor se hacía presente y un estado de acaloramiento exponencial se iba apoderando de mi cuerpo.

21:15. Luego de incontados esfuerzos por resolver el percance a través de la fuerza y otros recursos de la física, mover un poco la puerta hacia adelante, moverla hacia atrás, probar más despacio, más fuerte, un golpe seco, ajustar los tornillos, etc., llegó por fin el momento de asumir las cosas tal como eran: estaba encerrada.

21:20. No pasa nada, alguien tiene que venir y le avisará al encargado… ¿que otra cosa puedo hacer? Además es un baño de mujeres, las estadísticas prueban que un 68% de las mujeres mayores de 50 años van al baño cada 15 minutos. Hay que esperar, quevachaché, sólo una pequeña demora en el camino.

21:22. Ansiedad.

21:23. La otra es probar subirme al tacho de basura, treparme por la pared y ver si puedo salir por arriba, pasar al baño de al lado y hacer la gran Mc Giver.

El cubículo tendría unos 2,5 metros de alto y el tacho de basura era de esos grandes, de metal, algo así como de medio metro de alto. Coloqué el mismo junto a la pared y me subí, apenas mi cabeza lograba asomarse por sobre la medianera que separaba ambos baños. El plan requería una fuerza de brazos capaz de elevar todo mi cuerpo hacia lo alto y quedar sentaba en el borde superior de la medianera, cuyo ancho no superaba los 7 centímetros.

Imposible. Era un plan destinado al fracaso, si lo intentaba probablemente caería al piso cual bolsa de rabanitos y me desnucaría en el acto.

21:34. Más ansiedad.
21:35. Voy a gritar y listo, grito y alguien tiene que venir (aunque el baño está muy alejado del salón), pero si lo hago fuerte alguien tiene que escuchar, no hay tanta gente en el bar.

Entonces preparé el puño para golpear la puerta (el recurso del grito siempre debe ser acompañado por un golpe seco contra material sólido para darle mayor envergadura) y ya dispuesta a dar el alarido me veo asaltada por una duda: ¿Qué se grita cuando uno se queda encerrado en un baño?

Porque si es un ascensor, es de común acuerdo que uno grite “ascensoooooooooor” y alguien vendrá al rescate. ¿Pero en un baño?

Gritar “auxilio”, “socorro” o “ayuda” me parecía una exageración, eso solo en caso que se estuviera incendiando algo, una pérdida de gas, una inundación, un violador o cosas por el estilo. Pero en un baño…

21:38. Aplicando una lógica inductiva resolví que era tan ridículo gritar ascensor como lo podía ser gritar baño, pero que si en el primer caso funcionaba…¿porque no?

21:40. Ahora sí, con el puño enfurecido y la voz aguerrida, comencé a gritar: bañoooooooo, bañoooooo, bañooooooo, mientras golpeaba con desesperación la puerta maldita.

21:45. El plan era insostenible…

21:48. ¿Por qué nadie viene al baño?

21:50. Ya fue. Bajé la tapa del inodoro y me senté. No había nada que pudiera hacer.

21:55. Ah! El celular! Puedo llamar y avisar. Se supone que esa es una de las ventajas de estos aparatejos, permitir la comunicación entre las personas en cualquier momento y circunstancia. Busqué en el fondo de la mochila hasta que lo encontré. Marqué el número de una amiga que podría rescatarme.

“Su saldo es insuficiente para realizar esa llamada” piiiiiii

22:01. ….

22:08. No puede ser que ninguna de las viejas que se juntan a jugar al burako los domingos a la tarde en este bar, no posea incontinencia urinaria o algo por el estilo. No puede ser.

22:15. Extrañamente ya no estaba nerviosa, no sentía sensación de encierro, fobia, palpitaciones, calor y todas las sintomatologías propias del caso.

22:17. Me puse a limarme las uñas. Una forma de utilizar ese tiempo sin sentido.

22:24. Un sonido. Alguien entra, alguien está entrando… Señora, ¿me escucha? Señora, acá en el baño, estoy encerrada, ¿me escucha? (golpeando la puerta condenada)

22:25. Nadie contesta.

22:26. Señora!, ¿alguien entró en el baño? Por favor, estoy encerrada hace más de una hora!

22:27. Escucho que alguien intenta forzar el pituto del mal. Y luego, una voz:
- Ay nena, ¿estás encerrada? Voy a buscar auxilio!!!, dijo la vieja (que exagerada, pensé).

22:35. Vino el mozo, trajo un cuchillo, fuerza de acá, fuerza de allá, pero como se trabó esto, che. Finalmente…. Uf, gracias. No, disculpá vos. No, todo bien.

Tomé mis cosas, me enjuagué las manos y salí. La Avenida Corrientes estaba desierta, algunas luces en el segundo piso permitían suponer que la cena aún no había terminado.

Caminé. Una brisa de verano me envolvió con su perfume de plaza, y así, con paso lento y libertario, respiré hondo hasta mi casa. Pensé en todas las cosas que ya no podría hacer a causa del tiempo perdido en ese baño. O tal vez, las cosas que entonces podría hacer, ahora que ya era libre.

6 comentarios

Nat dijo...

ya lo sabia, pero lo afirmo en este acto:

AMO A LA POLAKA!

y AMO A GAMBA por preparar el terreno donde Crece Fertil la ESCRITORA

Beso a ambas!

Lucho dijo...

BRI-LLAN-TEEEEEEEEEEEEEEEE. QUIERO RINCÓN DE LA POLAKA FIJO!!! Por favor pola... escribís TAN bien...
Besote

Bett ilustraciones dijo...

ME ENCANTO!!! fabuloso rincón...ya es favorito... besotes

Lau Gambale dijo...

sos grosa polaka

Eurídice Ferrara dijo...

Che yo no se si conozco en persona a la Polaka, es que los de La Bombachita son un monton para que esta cabeza memorice jaja, pero sos grosa nena, jaja. Padezco de desantención prematura, eso que te distraes al toke y puedo decir que tu cronica fue lo más, me mantuvo ahi en ese baño!! te bancaba con el tacho a full jaja. exitos!! vamo gamba noma´! muak

perez dijo...

Ya me puse al día con el Polak Corner.

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